La música parece tener un control primordial sobre nosotros, llegando al núcleo de lo que significa ser humano y recordándonos que todos somos niñas de ciudades pequeñas, que vivimos en mundos solitarios. Y cuando finalmente llega a ese coro, sabes que nunca dejarás de creer. Tenemos escalofríos, ¿tienes escalofríos? Si es así, es posible que tengas un tipo de cerebro muy especial.

Una superpotencia sensorial
Como resultado, obtener escalofríos de la música no es tan común como podría pensar. Investigadores de la USC publicaron un estudio que sugiere que solo alrededor del 50 por ciento de las personas sienten escalofríos, un nudo en la garganta y piel de gallina cuando escuchan música. Además, esas personas pueden tener cerebros muy diferentes a los que no experimentan esos sentimientos.

Primero, reunieron a 20 personas y les hicieron escuchar una selección de sus canciones favoritas. Cada vez que sentían un escalofrío, apretaban un botón. A los 20 se les realizó una resonancia magnética, y los 10 que informaron reacciones fueron sobresalientes obvios. Sus cerebros resultaron tener un volumen mucho más alto de fibras que conectan su corteza auditiva a las áreas que procesan la emoción.

Más fibras significan que esas dos áreas del cerebro pueden comunicarse de manera mucho más efectiva. También significa que, debido a que sus centros de procesamiento emocional son más robustos, esas personas son más capaces de experimentar emociones extremas.


Un sentimiento de Frisson
Este estudio podría arrojar una luz sobre las causas del fenómeno, pero ha sido bien documentado durante años. En realidad, incluso tiene un nombre. El fenómeno de escalofríos o piel de gallina que proviene de una pieza musical (o de cualquier otra experiencia estética) se llama frisson, y ha sido uno de los grandes misterios de la naturaleza humana desde que se describió por primera vez.

Eso es porque incluso si conocemos el mecanismo real que causa frisson, una conexión cercana con el centro de procesamiento emocional, no sabemos para qué nos podría servir. Pero otros estudios han sugerido algunos beneficios potenciales de este tipo de comportamiento.

Un informe de 2007 encontró que las personas que experimentan frisson están más abiertas a nuevas experiencias que otras, y otros estudios describieron niveles más altos de creatividad y curiosidad intelectual. En otras palabras, la apreciación de la belleza es fundamental para lo que nos hace humanos, y Frisson es solo una versión súper cargada de esa apreciación.

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